En mi casa me llaman “La princesa del guisante”.
¿Será porque me despierto al mínimo ruido y con los
primeros rayos del alba?
Puede que sí o puede que no... pero me llaman así.
Durante las vacaciones, mientras buscaba un cuento para
realizar esta actividad, cayó en mis manos el libro “Los cuentos de Hans
Christian Andersen”, de la editorial Taschen,
(Edición de Noel Daniel y Dirección artística de Andy Disl y Noel
Daniel), y ¡sorpresa!, el primer cuento del libro es precisamente “La princesa
y el guisante”. Una amiga se lo leyó a mi hijo y a sus amiguitas, que estaban
en casa, y al observar sus caras y ver cómo les gustó ya no tuve ninguna duda,
había encontrado “mi cuento”.
El autor de este cuento, Hans Christian Andersen (1805-1875),
fue un escritor y poeta danés que se convirtió en vida en uno de los escritores
más leídos de Dinamarca. Creció en una cultura oral que coloreó su infancia,
historias escandinavas centenarias y relatos de campesinos. Gracias a su padre,
al que le encantaba la lectura, se forjó una educación que dio pié a una vida
de voraz lectura. Pero también disfrutaba escuchando. Las personas que lo
rodeaban le contaban cuentos, historias. Llegó a desarrollar un oído interior
para las imágenes y los sonidos de mundos imaginarios.
El Andersen artista se inspiró siempre en su infancia,
marcada por juegos imaginativos, representación de papeles e interpretación de
roles que reforzaron su imaginación. Se pasaba las horas con los disfraces, el
teatro de marionetas, adaptando las voces a los personajes y cultivando sus
aptitudes para la narración de historias. Sus cuentos son brillantes ejemplos
de una imaginación única y un total dominio de mundos imaginarios. Su talento
para la narración y su dominio del lenguaje coloquial dieron lugar a un nuevo
estilo de cuento.
Andersen contaba historias de niños para niños, con el
corazón en la mano.
Aunque creció rodeado de cuentos populares daneses, creó sus
propias historias.
Según el folclorista danés Bengt Holbek, solo siete de los
más de doscientos cuentos de Andersen se basan en historias preexistentes.
Sus cuentos están escritos para todos los públicos, niños y
adultos. Pero su oído interior escribía para “el niño que escucha”, con una
gran capacidad infantil para prestar atención a las imágenes y sonidos del
mundo. Supuso un avance revolucionario en la literatura infantil, hasta
entonces constituida por cuentos morales. Sus historias se dirigían
directamente a la sensibilidad de los niños sin una actitud condescendiente.
Hoy en día se le considera el escritor escandinavo más
famosos de todos los tiempos. Sus cuentos han influido de tal modo en la
literatura infantil que los dos grandes premios del género, para autores y para
ilustradores, llevan su nombre: Premios Hans Christian Andersen; y el día de su
nacimiento, el 2 de abril, fue el que se escogió como Día Internacional del
Libro Infantil.
“La princesa y el
guisante”, cuento escrito en 1835, fue uno de los primeros del autor. Es
una adaptación de cuentos populares que oyó de niño.
Aunque es uno de sus cuentos más cortos, también es de los
más conocidos.
Narra la historia de una princesa que se pierde y llega al
castillo de un príncipe que esta buscando una princesa verdadera como esposa.
Le dejan a la joven pasar la noche en el castillo, pero esconden un guisante
bajo el colchón para comprobar su sensibilidad y, por tanto su realeza.
La imagen humorística de una noche de insomnio a causa de un
guisante se ha convertido en metáfora de extrema delicadeza.
Decidí leer este cuento a niños de cinco años.
La lectura de un cuento es la estrategia ideal para el 2º
ciclo de Educación Infantil.
Permite a los niños desarrollar su imaginación y es un
importante contacto con la lectura, con los libros. Nosotros, al leer una
historia, somos el ejemplo a seguir de los futuros lectores. !Vaya
responsabilidad!
Además, quería respetar palabra por palabra el cuento
original.
El mismo autor escribió a un amigo sobre sus primeros
cuentos, y éste es uno de ellos – “Los he
escrito exactamente cómo se los contaría a un niño”- .
Preparación
Hice una primera lectura del cuento para mí, despacio, sintiendo
las palabras.
Luego releí en los apuntes La técnica de la lectura de cuentos, y empecé a practicar los
aspectos más importantes que hay que tener en cuenta para transmitir toda la
magia del relato a los niños. Trabajé la entonación, el ritmo, la expresividad,
las pausas. Hice especial atención a la vocalización, hablando claro y
despacio. Cada vez me iba gustando más la historia.
Me sirvió de gran ayuda lo que nos contó Irune en clase
antes de la actividad, de lo necesarias que
son las pausas y leer mirando a los receptores. Cuando ella nos leyó un cuento,
al observarla, fui consciente de lo importante que es cuidar estas cualidades
para que los niños, a través de nuestras palabras y con su imaginación, sean
capaces de comprender, recrear y disfrutar la historia que les estamos leyendo.
Lectura del cuento en
clase.
Formamos un grupo Leticia, Alexandra y yo.
Empiezo yo leyendo el cuento.
Hago una introducción con unas preguntas a los niños - Queridos
niños, hoy os voy a leer el cuento de “La princesa y el guisante”- ¿Sabéis lo
que es una princesa? y ¿alguno de
vosotros sabe lo que es un guisante?. Los guisantes, ¿son grandes o pequeños?...
A continuación les leo el cuento –“Erase una vez…” cuidando
mucho todos los aspectos que había preparado y que he mencionado antes.
Al finalizar la lectura, les vuelvo a hacer unas preguntas –
“¿Os ha gustado el cuento? – ¿Alguno de vosotros ha dormido tan mal una
noche que se ha levantado con el cuerpo dolorido?- ¿Qué sensación teníais? -
¿Conocéis el Museo de Palacio donde está expuesto el guisante?
Mis dos compañeras me comentaron que les había gustado mucho
mi lectura.
Las dos coincidieron en que había leído con una buena
entonación, un buen volumen de voz. Les había llamado la atención el contacto
con la mirada que había mantenido a lo largo del relato, que les había
transmitido mucha emoción, aportando sensibilidad al cuento.
El único “pero” que encontraron es que no había utilizado
una formula final al acabar la lectura, lo que habría ayudado a crear
más magia en el cuento.
El empleo de fórmulas de entrada y salida cuando narramos o leemos cuentos es fundamental, y no debo olvidarlas.
El empleo de fórmulas de entrada y salida cuando narramos o leemos cuentos es fundamental, y no debo olvidarlas.
Autoevaluación del
taller.
En nuestro grupo, formado por Leticia , Alexandra y yo, cada
una utilizó una estrategia diferente de transmisión literaria. Además de la
lectura que yo hice, Leticia utilizó la estrategia del cuentacuentos, contando
“Historia de una liebre de Pascua” y, Alexandra hizo una narración con libro
del cuento “Adivina cuanto te quiero”.
En mi opinión mis dos compañeras lo hicieron fenomenal, cada
una con su estilo.
El cuentacuentos estaba muy bien preparado y la narración
con libro fue estupenda.
Yo pasé un rato muy especia, y me dejé llevar por la magia de
las historias.
Fui muy consciente al hacer la lectura de la importancia de
haberla preparado de antemano, de conocer el cuento, y de leerlo con ganas y
con la intención de transmitir toda la magia que las palabras de Andersen
pueden contar.
También pude apreciar las diferencias entre las diversas
estrategias, pero cómo todas desembocan en el mismo punto, ayudar a los niños a
descubrir el placer de escuchar cuentos.
A continuación, os dejo el texto del cuento para que lo podáis disfrutar.
La princesa y el guisante
Erase una vez un príncipe que quería casarse con una princesa, pero tenía que ser una princesa de verdad. Recorrió el mundo entero, y aunque en todas partes encontró princesas, siempre acababa descubriendo en ellas algo que no acababa de gustarle. De ninguna se podía asegurar con certeza que fuera una verdadera princesa; siempre aparecía algún detalle que no era como es debido. El príncipe regreso, pues, a su país, desconsolado por no haber podido encontrar una princesa verdadera.
Una noche se desencadenó una terrible tempestad: relámpagos, truenos y una lluvia torrencial: !Era espantoso! Alguien llamo a la puerta de palacio y el anciano rey fue a abrir.
Era una princesa quien aguardaba ante la puerta. Pero !Dios mío!, !qué aspecto ofrecía con la lluvia y el mal tiempo! El agua chorreaba por sus cabellos y caía sobre sus ropas, le entraba por la punta de los zapatos y le salía por los talones. Y sin embargo, !pretendía ser una princesa verdadera!
"Bien, ya lo veremos", pensó la vieja reina, y sin decir palabra se dirigió a la alcoba, apartó toda la ropa de la cama y colocó el guisante en su fondo; puso después veinte colchones sobre él y añadió todavía otros veinte edredones de plumas de ánade.
Allí dormiría la princesa aquella noche.
A la mañana siguiente, le preguntaron qué tal había descansado.
- !Oh, terriblemente mal!- respondió la princesa -. Casi no he pegado ojo en toda la noche. !Dios sabe qué habría en esa cama! He dormido sobre algo tan duro que tengo el cuerpo lleno de cardenales. !Ha sido horrible!.
Así se pudo comprobar que se trataba de una princesa de verdad, porque a pesar de los veinte colchones y los veinte edredones de pluma, había sentido la molestia del guisante. Solo una verdadera princesa podía tener la piel tan delicada.
El príncipe, sabiendo ya que se trataba de una princesa de verdad, la tomó por esposa, y el guisante fue trasladado al Museo de Palacio, donde todavía puede contemplarse, a no ser que alguien se lo haya llevado.
!Como veréis, esta si que es una historia verdadera!
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
A continuación, os dejo el texto del cuento para que lo podáis disfrutar.
La princesa y el guisante
Erase una vez un príncipe que quería casarse con una princesa, pero tenía que ser una princesa de verdad. Recorrió el mundo entero, y aunque en todas partes encontró princesas, siempre acababa descubriendo en ellas algo que no acababa de gustarle. De ninguna se podía asegurar con certeza que fuera una verdadera princesa; siempre aparecía algún detalle que no era como es debido. El príncipe regreso, pues, a su país, desconsolado por no haber podido encontrar una princesa verdadera.
Una noche se desencadenó una terrible tempestad: relámpagos, truenos y una lluvia torrencial: !Era espantoso! Alguien llamo a la puerta de palacio y el anciano rey fue a abrir.
Era una princesa quien aguardaba ante la puerta. Pero !Dios mío!, !qué aspecto ofrecía con la lluvia y el mal tiempo! El agua chorreaba por sus cabellos y caía sobre sus ropas, le entraba por la punta de los zapatos y le salía por los talones. Y sin embargo, !pretendía ser una princesa verdadera!
"Bien, ya lo veremos", pensó la vieja reina, y sin decir palabra se dirigió a la alcoba, apartó toda la ropa de la cama y colocó el guisante en su fondo; puso después veinte colchones sobre él y añadió todavía otros veinte edredones de plumas de ánade.
Allí dormiría la princesa aquella noche.
A la mañana siguiente, le preguntaron qué tal había descansado.
- !Oh, terriblemente mal!- respondió la princesa -. Casi no he pegado ojo en toda la noche. !Dios sabe qué habría en esa cama! He dormido sobre algo tan duro que tengo el cuerpo lleno de cardenales. !Ha sido horrible!.
Así se pudo comprobar que se trataba de una princesa de verdad, porque a pesar de los veinte colchones y los veinte edredones de pluma, había sentido la molestia del guisante. Solo una verdadera princesa podía tener la piel tan delicada.
El príncipe, sabiendo ya que se trataba de una princesa de verdad, la tomó por esposa, y el guisante fue trasladado al Museo de Palacio, donde todavía puede contemplarse, a no ser que alguien se lo haya llevado.
!Como veréis, esta si que es una historia verdadera!
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Hola Carmen,
ResponderEliminarCompartí contigo el grupo para realizar esta actividad. Coincido contigo en que tuvimos un buen grupo y disfrutamos mucho con tu lectura y con la narración de Alexandra.
Tu lectura fue impecable, ritmo adecuado, pausas necesarias, contacto visual, entonación ajustada al tipo de cuento. Para mi la longitud del cuento era la adecuado para 5 años. Creo que te ajustaste a todo lo que Irune nos pedía en la lectura de un cuento.
Algo muy bonito de tu lectura fue que dejabas traslucir ese gran gusto que sientes por la literatura infantil, que viene de tus lecturas de cuando eras niña. Estoy segura de que encenderás la chispa de futuros grandes lectores en tus clases.
Muchas gracias
Estupendo, Leticia.
EliminarHola Carmen
ResponderEliminarMe ha gustado el motivo de la elección de tu cuento. Como bien dices somos el ejemplo a seguir de los futuros lectores y es una gran responsabilidad. Por lo que he podido observar te gusta la lectura y le has dedicado tiempo a esta actividad.
No conocía este cuento y me ha gustado, ni tampoco al autor... Seguramente sea uno de los próximos libros al cual vaya a echar un vistazo para poder añadirlo a mi mini biblioteca de cuentos infantiles.
No vi tu exposición pero viendo tu autoevaluación y el comentario de Leticia debió de ser estupenda.
Un saludo
Muy bien, Marina.
EliminarPerfecto, Carmen. Este es uno de lo cuentos que Andersen tomó de la tradición y recreó a su gusto. Una estupenda elección y un estupendo motivo para realizarla :)
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