“Para que una historia
mantenga de verdad la atención del niño, ha de divertirle y excitar su
curiosidad. Pero, para enriquecer su vida, ha de estimular su imaginación,
ayudarle a desarrollar su intelecto y a clarificar sus emociones; ha de estar
de acuerdo con sus ansiedades y aspiraciones; hacerle reconocer plenamente sus
dificultades, al mismo tiempo que le sugiere soluciones a los problemas que le
inquietan. Resumiendo, debe estar relacionada con todos los aspectos de su
personalidad al mismo tiempo; y esto dando pleno crédito a la seriedad de los
conflictos del niño, sin disminuirlos en absoluto, y estimulando,
simultáneamente, su confianza en sí mismo y en su futuro. “ (Bruno
Bettelheim)
Día tras día, los maestros y los padres viven cómo los niños
escuchan con veneración y entrega los cuentos de siempre, una y otra vez.
No necesitan explicaciones ni moralejas, pero necesitan
adultos que sean conocedores de esas historias, del valor educativo de esos
cuentos y que sepan transmitir con su voz, con sus gestos, con su amor por los
cuentos y con su atención cálida hacia los niños, estos relatos procedentes del mundo entero.
Los cuentos se remontan a un pasado tan lejano que nadie
puede recordar, pero a través de ellos nos ha llegado una magia que ha alimentado
el alma infantil a través de generaciones. Por ello el alma sabia de los niños
reclama una y otra vez: ¡cuéntame un cuento, por favor!
Con los cuentos estamos poniendo un sólido cimiento en la
educación de nuestros hijos y alumnos. Les estamos dando la confianza de
reconocer que el bien, al final, siempre triunfa sobre el mal; que el valiente
y honesto es el que conquista a la princesa; que la fuerza bruta, la de los
monstruos, nada tiene que hacer frente a la inteligencia y astucia; que el
esfuerzo, el de pasar las pruebas, siempre obtiene su recompensa.
Por todo esto tenemos que contar cuentos a los niños… Y de
los cuentos, lo importante es que sean los adecuados.
Como futuras maestras, si nos preocupamos por los cuentos y
nos preocupamos por lo que conviene a los niños, si “miramos” a los niños,
entonces sabremos escoger bien los cuentos que les narramos…
Esta es una historia muy antigua, tan antigua como las hadas…
En ese momento oyó un ruido y, al volverse vio ante él un hombre alto, muy alto, vestido completamente de negro y con un siniestro sombrero.
- No te falta valor - dijo el desconocido. - Te voy a proponer un trato. Tendrás tanto dinero y riquezas cómo seas capaz de acumular, pero debes cumplir las condiciones que yo te diga. En el transcurso de los próximos siete años no debes lavarte, ni peinarte, ni cortarte el pelo o las uñas. Te daré un vestido que habrás de llevar durante todo ese tiempo. !Ah!, una cosa más, no podrás permanecer en el mismo lugar más de siete días.
A continuación, os voy a contar mi adaptación del cuento “Piel
de oso” para niños de 6 años.
Esta es una historia muy antigua, tan antigua como las hadas…
En un país lejano vivían tres hermanos en una casa muy
pobre. El más pequeño, que se llamaba Iván, decidió una buena mañana marcharse
a correr mundo. Se alistó como soldado y luchó en muchas batallas,
convirtiéndose en un joven fuerte, valiente y con mucha confianza en si mismo.
Cuando regresó a su casa, sus hermanos, que se habían vuelto
muy egoístas, le dijeron: - ¿Y qué haremos contigo? No tenemos nada para darte.
Arréglate cómo puedas.
A Iván no le quedaba más que su arma, se la echó al hombro y
se fue de allí. Camina que caminarás llegó a una pradera donde había un gran
árbol. Como estaba muy cansado y hambriento, se sentó a su sombra a comer de
sus frutos y a lamentarse sobre su suerte.
En ese momento oyó un ruido y, al volverse vio ante él un hombre alto, muy alto, vestido completamente de negro y con un siniestro sombrero.
El hombre le dijo – soy el Señor Gran Brujo y ya sé lo que
te pasa, tienes miedo, estás asustado.
¿Cómo osas dudar de mi valor? - respondió Iván. - Puedes
ponerme a prueba.
Pues bien - asintió el hombre. - Mira detrás de ti.
El soldado se volvió y vio a un enorme oso que lanzando
gruñidos se dirigía hacia él. Sin dudarlo, cogió su fusil y apuntando al animal
disparó. El oso se desplomó muerto.
- No te falta valor - dijo el desconocido. - Te voy a proponer un trato. Tendrás tanto dinero y riquezas cómo seas capaz de acumular, pero debes cumplir las condiciones que yo te diga. En el transcurso de los próximos siete años no debes lavarte, ni peinarte, ni cortarte el pelo o las uñas. Te daré un vestido que habrás de llevar durante todo ese tiempo. !Ah!, una cosa más, no podrás permanecer en el mismo lugar más de siete días.
Cuando pasen los siete años volveré a visitarte, si has
conseguido superar la prueba, quedarás libre y rico el resto de tus días, pero
si no lo consigues, te convertiré en mi sirviente.
El joven pensó en la gran necesidad en la que se encontraba
y decidió arriesgarse.
- Estoy conforme - dijo.
El Señor Gran Brujo le dio un vestido diciéndole: - te
tienes que vestir con estas ropas mágicas y, cada vez que metas la mano en el
bolsillo, la sacarás llena de monedas de oro. Despellejó luego al oso y entregó
la piel al joven – Esta será tu capa, con la que te cubrirás y la manta donde
dormirás, añadió. Por esta piel te llamarán “Piel de oso”.
Dicho esto, el señor vestido de negro desapareció.
Iván se puso las ropas que le había dado el brujo y, al
meter la mano en el bolsillo, ¡sorpresa!, un puñado de monedas de oro. Se colgó
la piel de oso sobre los hombros y regresó al pueblo de sus padres. Allí
estuvo siete días, venga a sacar puñados de monedas de su bolsillo. Se compró
una casa y enterró en el jardín un gran cofre lleno de oro.
Paso el primer año, Iván estuvo viajando de la Ceca a la Meca. Con el oro que sacan de sus bolsillos, vivía como un noble y ayudaba a las buenas gentes necesitadas que se
cruzaban en su camino. El segundo año transcurrió deprisa y el aspecto del joven
era cada vez más desaliñado. Continuaron pasando las semanas, los meses, y su
apariencia comenzó a asustar a las personas que encontraba a su paso. Estaba
terriblemente sucio, con el pelo y las barbas muy largas, y la piel de oso con
la que se cubría le hacía tener un aspecto muy feroz. Apenas nadie le daba
posada ni le dejaban acercarse a su mesa. Allá donde iba, solo hablaba con los pobres, a los que nunca dejaba de dar limosna generosamente.
Siguió pasando el tiempo y el joven cada día se encontraba
más solo y más triste.
Una noche de invierno, cuando Iván se disponía a dormir en
un establo, escuchó unos llantos y lamentos. Un anciano gemía sin consuelo – !Ay! !Qué va a ser de mí y de mis hijas! – exclamaba. – ¡Cómo vamos a sobrevivir!
- ¿Qué te ocurre, buen hombre? – Preguntó el joven. El
anciano se asustó al ver a ”Piel de oso”, ya que su aspecto era realmente el de
un animal. Pero estaba tan desesperado que le contó su desgracia. Había perdido
todos sus bienes, y se iba a quedar sin casa, en la que vivía con sus tres
hijas, si no saldaba la deuda que tenía.
- Yo te puedo ayudar, le dijo Iván, - te daré todo el oro
que necesites. Y así lo hizo. El anciano no daba crédito a su suerte y no sabía
cómo agradecer tanta generosidad a ese ser, de aspecto tan monstruoso.
- Vente conmigo; en pago a tu bondad te daré cobijo en mi casa
y te ofrezco la mano de una de mis hijas, a cual más hermosa.
Marcharon los dos juntos y llegaron a la casa del anciano. Las
hijas acudieron a su encuentro y se quedaron petrificadas al ver al acompañante
de su padre.
Las dos mayores, al escuchar que su progenitor pretendía que
una de ellas se casara con ese ser horripilante, huyeron espantadas. En cambio
la más joven de las hermanas, Leonor, no tuvo más remedio que aceptar.
Pasaron siete días y el
joven Iván, antes de abandonar la casa, entregó un anillo a la doncella
diciéndole – Tengo que partir. Te dejo este anillo y en unos años volveré a
buscarte. Si cuando regrese, aún lo conservas, entonces nos casaremos.
“Piel de oso” se marchó
y estuvo vagando de un país a otro, sobreviviendo como pudo. Cuando
pasaron los siete años, volvió al lugar donde se había encontrado con el Gran Brujo y
exhausto, se tumbó para descansar, quedándose completamente dormido en pocos
minutos.
El muchacho soñó que el Gran Brujo vestido de negro
aparecía, muy enfadado, devolviéndole su vieja casaca de soldado al mismo tiempo que le reclamaba sus ropas mágicas. Al despertar por la mañana, no vio a nadie a su
alrededor, y comprobó, con alivio, que
había recuperado el aspecto que tenía siete años atrás.
Lo primero que hizo el joven Iván fue comprar un caballo.
Cogió las riendas y cabalgó hasta la casa de su prometida. Al llegar, nadie reconoció quien era.
El padre le ofreció hospedaje y, durante la cena, Iván
comprobó que la hermosa Leonor llevaba el anillo. Entonces dijo - Leonor, soy tu
prometido, al que llamaban “Piel de oso” y he venido a buscarte para casarme
contigo. Y, diciendo esto, la abrazó y la besó.
!Y celebraron la boda llenos de felicidad!
Y colorín, colorado, este cuento se ha terminado…
Para hacer una adaptación, hay que tener en cuenta la edad a la que queremos dirigir la narración. Yo he elegido la edad de 6 años.
A esta edad, los niños están en la etapa del pensamiento intuitivo, por lo que tienen gran imaginación, que le ayuda a entender lo real. También han desarrollado el concepto básico de la narración, asimilan cuentos con una secuencia narrativa clara, unidireccional, que use frases cortas. Cuentos de trama predecible pero con finales sorprendentes, finales felices y justos. Son capaces de seguir una historia que les presente la fantasía de manera veraz, que enriquezca su mundo interior. Tienen tendencia a identificarse con el héroe. Necesitan relatos de estilo muy sencillo y recursos estilísticos asequibles. Un uso del vocabulario adecuado, aunque creo que siempre es beneficioso para el niño sobrepasarse algo con el vocabulario, con el fin de estimular el aprendizaje de nuevos términos.
En mi adaptación he tratado de mantener la magia y emoción del relato.
Para ello he tenido que hacer varios cambios en el texto, los mínimos pero necesarios, ya que el cuento que oímos en clase iba dirigido, en mi opinión, a niños mayores.
- Los protagonistas de mi cuento tienen nombre propio, ya que los niños a esta edad necesitan
nombrar los personajes de los cuentos.
- He sustituido al demonio por el Gran señor Brujo, intentando que los niños lo identifiquen
con el malo, pero sin causarles terror.
- También he cambiado la parte del trato que habla de "entregar su alma"al diablo (si pierde),
por "ser su sirviente", ya que considero que a esa edad lo van a entender mejor.
- He eliminado cualquier alusión religiosa. Pienso que no es lo más indicado en un cuento
de hadas.
- Por último, he suprimido la parte del final del cuento, en la que la hermana se ahorca y
el diablo se lleva su alma.
Para contar la historia, he mantenido las fórmulas de entrada y salida.
He intentado respetar la estructura interna del cuento, que creo debe permanecer lo más fiel posible en cualquier adaptación (planteamiento, nudo y desenlace)
- El protagonista, el hermano pequeño, se marcha de casa y con su esfuerzo se convierte en
un joven valiente y seguro de sí mismo. Aquí aparece el motivo del viaje y búsqueda que
supone crecimiento personal.
- Se encuentra con el enemigo, que tiene poderes mágicos y que le propone un reto.
- Comienza el viaje iniciático, ayudando a los demás (generosidad)
- Enamoramiento
- Final feliz
“Piel de oso” es un cuento folclórico recogido por los hermanos Grimm.
Los cuentos folclóricos, transmitidos oralmente, son el primer paso para acercar al niño a la lectura, es decir, al cuento escrito. Por eso es muy importante saber elegir y adaptar los relatos que vamos a contar a los niños, que sean adecuados para su edad, que capten su interés, que les cautiven, que al escucharlos su cara se transforme y su alma sea transportada al mundo de la fantasía donde todo es posible… Desde siempre, los cuentos de hadas, elegidos de forma adecuada para cada edad del niño, han supuesto un alimento muy especial para el alma.
Bibliografía
Para hacer una adaptación, hay que tener en cuenta la edad a la que queremos dirigir la narración. Yo he elegido la edad de 6 años.
A esta edad, los niños están en la etapa del pensamiento intuitivo, por lo que tienen gran imaginación, que le ayuda a entender lo real. También han desarrollado el concepto básico de la narración, asimilan cuentos con una secuencia narrativa clara, unidireccional, que use frases cortas. Cuentos de trama predecible pero con finales sorprendentes, finales felices y justos. Son capaces de seguir una historia que les presente la fantasía de manera veraz, que enriquezca su mundo interior. Tienen tendencia a identificarse con el héroe. Necesitan relatos de estilo muy sencillo y recursos estilísticos asequibles. Un uso del vocabulario adecuado, aunque creo que siempre es beneficioso para el niño sobrepasarse algo con el vocabulario, con el fin de estimular el aprendizaje de nuevos términos.
En mi adaptación he tratado de mantener la magia y emoción del relato.
Para ello he tenido que hacer varios cambios en el texto, los mínimos pero necesarios, ya que el cuento que oímos en clase iba dirigido, en mi opinión, a niños mayores.
- Los protagonistas de mi cuento tienen nombre propio, ya que los niños a esta edad necesitan
nombrar los personajes de los cuentos.
- He sustituido al demonio por el Gran señor Brujo, intentando que los niños lo identifiquen
con el malo, pero sin causarles terror.
- También he cambiado la parte del trato que habla de "entregar su alma"al diablo (si pierde),
por "ser su sirviente", ya que considero que a esa edad lo van a entender mejor.
- He eliminado cualquier alusión religiosa. Pienso que no es lo más indicado en un cuento
de hadas.
- Por último, he suprimido la parte del final del cuento, en la que la hermana se ahorca y
el diablo se lleva su alma.
Para contar la historia, he mantenido las fórmulas de entrada y salida.
He intentado respetar la estructura interna del cuento, que creo debe permanecer lo más fiel posible en cualquier adaptación (planteamiento, nudo y desenlace)
- El protagonista, el hermano pequeño, se marcha de casa y con su esfuerzo se convierte en
un joven valiente y seguro de sí mismo. Aquí aparece el motivo del viaje y búsqueda que
supone crecimiento personal.
- Se encuentra con el enemigo, que tiene poderes mágicos y que le propone un reto.
- Comienza el viaje iniciático, ayudando a los demás (generosidad)
- Enamoramiento
- Final feliz
“Piel de oso” es un cuento folclórico recogido por los hermanos Grimm.
Los cuentos folclóricos, transmitidos oralmente, son el primer paso para acercar al niño a la lectura, es decir, al cuento escrito. Por eso es muy importante saber elegir y adaptar los relatos que vamos a contar a los niños, que sean adecuados para su edad, que capten su interés, que les cautiven, que al escucharlos su cara se transforme y su alma sea transportada al mundo de la fantasía donde todo es posible… Desde siempre, los cuentos de hadas, elegidos de forma adecuada para cada edad del niño, han supuesto un alimento muy especial para el alma.
Bibliografía
- Apuntes Literatura Infantil. Tema 2
- Bettelheim, B. (1994). "Psicoanálisis de los cuentos de hadas". Barcelona: Crítica Grijalbo
Mondadori.
- J. y W. Grimm (2006). "Todos los cuentos de los Hermanos Grimm". Madrid: Editorial Rudolf
Steiner.
- Bettelheim, B. (1994). "Psicoanálisis de los cuentos de hadas". Barcelona: Crítica Grijalbo
Mondadori.
- J. y W. Grimm (2006). "Todos los cuentos de los Hermanos Grimm". Madrid: Editorial Rudolf
Steiner.